A los cuatro vientos, JMJ 2011

Los jóvenes tienen mucho que contar (video)

He visto los vi­deos rea­li­zados y pu­bli­cados por arguments.es en los que al­gunos jó­venes que par­ti­ci­paron en la JMJ Madrid 2011 na­rran la ex­pe­riencia que vi­vieron du­rante aque­llos días -Y des­pués de la JMJ ¿qué?-

Este es sin duda uno de los que más me ha gus­tado. Lo dejo aquí, para com­partir, pre­ci­sa­mente ahora que se acerca la fiesta del Corpus Christi.

Literatura para el encuentro, Poesía

El encuentro de Cristo con su madre. José Miguel Ibáñez Langlois

He apro­ve­chado estos días para re­leer el Libro de la Pasión de José Miguel Ibáñez Langlois. Dejo aquí un poema de­li­cioso sobre el en­cuentro de Cristo con su madre. Es el poema nú­mero tres del ca­pí­tulo seis.

El en­cuentro de Cristo con su madre
la mi­rada que cru­zaron du­rante un se­gundo
es el epi­sodio de la pa­sión que ha con­su­mido más ángeles en su lla­ma­rada
es la co­mu­ni­ca­ción más se­creta que el otro mundo haya hecho a este
es la teo­logía de la his­toria en es­tado de trans­pa­rencia
es la san­tidad del su­fri­miento que se miró al es­pejo y se en­contró igual
es el amor a pri­mera vista más do­lo­roso que haya ex­pe­ri­men­tado Dios
es el se­gundo que ha du­rado más si­glos de trans­fi­xión
es la mi­rada más com­pleta que Dios ha lan­zado al mundo
que Dios ha de­jado al mundo como re­li­quia la más com­pleta de sus pro­pios ojos
y que la santa madre Iglesia guarda casi in­tacta en su corazón.

Benedicto XVI

Encuentro de Benedicto XVI con Fidel Castro

Así re­lata L’Osservatore ro­mano el en­cuentro que tuvo el Santo Padre con Fidel Castro en su re­ciente viaje apos­tó­lico a Cuba.

Al final, tuvo lugar el en­cuentro. Benedicto XVI y Fidel Castro con­ver­saron ami­ga­ble­mente al­re­dedor de treinta mi­nutos. El an­ciano líder había ma­ni­fes­tado su vivo deseo de en­con­trarse con Benedicto XVI, «un Papa al que ad­miro mu­chí­simo» había dicho va­rias veces y lo re­pitió al Pontífice per­so­nal­mente cuando se en­contró con él. Ambos que­daron sa­tis­fe­chos. El clima fue se­reno, dis­ten­dido, amis­toso. Castro llegó pun­tua­lí­simo a la nun­cia­tura. Lo re­cibió el car­denal Tarcisio Bertone, se­cre­tario de Estado, con el cual es­peró al Papa. En esos pocos mi­nutos el líder cu­bano ma­ni­festó su aten­ción a la vida de la Iglesia. Confesó que du­rante mucho tiempo es­peró ver en los al­tares a la madre Teresa de Calcuta —«una gran be­ne­fac­tora de Cuba» la de­finió— y a Juan Pablo II, «un hombre que he apren­dido a apre­ciar mu­chí­simo». Y ma­ni­festó estos sen­ti­mientos de modo espontáneo.

Castro se veía can­sado y mar­cado por los años, pero lú­cido y vivaz. Y cuando se en­contró ante Benedicto XVI se per­cibió que efec­ti­va­mente tenía el deseo de co­no­cerlo en per­sona. Castro mostró in­me­dia­ta­mente un gran in­terés por co­nocer, por saber. Dirigió al Papa una serie de pre­guntas de am­plio al­cance. Sorprendió la pri­mera: «¿Por qué la li­turgia ha cam­biado tanto?». Su re­cuerdo se re­monta al pe­ríodo an­te­rior al Concilio y el Pontífice co­menzó su res­puesta pre­ci­sa­mente desde el Vaticano II. «Los pa­dres con­ci­liares con­si­de­raron opor­tuno cam­biar la li­turgia para ha­cerla más ac­ce­sible a los fieles, ex­plicó el Papa. Aunque eso —pro­si­guió— ha creado si­tua­ciones que su­gieren ul­te­riores modificaciones».

Luego, ex­ten­diendo la mi­rada hacia el mundo, ha­blaron de los cam­bios cul­tu­rales, so­ciales y eco­nó­micos que, a pesar del pro­greso de la ciencia en todos los campos, pa­recen ser causa de ten­sión en el hombre, más que de bie­nestar. El Papa achacó este em­peo­ra­miento de la si­tua­ción a la pre­ten­sión de man­tener a Dios lejos de la es­cena del mundo. La Iglesia, por su parte, in­tenta volver a po­nerlo en el centro de la his­toria del hombre. Esta es su misión.

Seguidamente, Fidel Castro quiso saber cuál era el papel de un Pontífice. Benedicto XVI le habló de su mi­sión de guía es­pi­ri­tual de más de mil mi­llones de fieles. «Debo ir a en­con­trarme con ellos —dijo— don­de­quiera que estén». Fue un mo­mento emo­tivo: mien­tras el Papa ha­blaba, Castro asentía con la ca­beza. Y en su rostro se ma­ni­fes­taba la ad­mi­ra­ción sin­cera que siente hacia Benedicto XVI. Entonces pre­guntó al Papa, casi coe­táneo suyo, cómo logra hacer todo eso. El Pontífice sonrió y res­pondió: «Es verdad, ya soy an­ciano, pero to­davía puedo cum­plir mi deber al ser­vicio de la Iglesia».

Siguieron ha­blando de la edad, porque Castro, ma­ni­fes­tando su sin­tonía con Benedicto XVI, la jus­ti­ficó por el hecho de «per­te­necer a la misma ge­ne­ra­ción». Más aún, dijo que le ha­bría gus­tado poder ha­blar más a me­nudo con él de todo lo que lo in­quieta. «Precisamente el hecho de que per­te­ne­cemos a la misma ge­ne­ra­ción —res­pondió el Papa— nos podrá man­tener en con­tacto a través de nuestro pen­sa­miento generacional».

Castro, luego, dijo al Papa que tiene di­fi­cul­tades para com­prender bien cuál es el sen­tido de la re­li­gión frente a las con­ti­nuas evo­lu­ciones de la ciencia. El Pontífice le ex­puso bre­ve­mente el sen­tido del en­cuentro entre ciencia y fe, entre fe y razón, para ayu­darle a en­tender que no se trata de dos ámbitos opuestos, sino de dos mo­mentos fun­da­men­tales para la con­ciencia del hombre, que como tales no se deben separar.

Castro se mostró de­seoso de saber. Impresionado por las ex­pli­ca­ciones del Papa, por sus co­no­ci­mientos, le con­fesó que, aunque pasa el tiempo le­yendo y re­fle­xio­nando sobre todo lo que con­cierne a la vida del hombre, había com­pren­dido en esos mo­mentos que había aún mu­chas cosas por co­nocer. «¿Me re­co­mienda algún libro para pro­fun­dizar mi co­no­ci­miento en esta ma­teria?», pre­guntó. El Papa res­pondió: «Ciertamente. Pero dé­jeme pensar un poco qué acon­se­jarle. Luego le in­di­caré los tí­tulos a través del nuncio».

Estas fueron las últimas pa­la­bras de la con­ver­sa­ción. Luego Fidel Castro, que tenía a su lado a la se­ñora Dalia, pre­sentó al Pontífice a tres de sus hijos y se des­pidió. Y mien­tras de­jaba la nun­cia­tura se­guía re­pi­tiendo a quienes se en­con­traba: «Saludos al Santo Padre», a pesar de que aca­baba
de estar con él. Parecía que no quería dejarlo.

Fuente: Mario Ponzi. L’Osservatore ro­mano. Domingo 1 de abril de 2012

Benedicto XVI

Viaje del Papa a México y Cuba

Cartel ofi­cial del viaje apos­tó­lico del Papa a México y Cuba

Esta en­trada es sólo un re­cor­da­torio. En la red hay mucha in­for­ma­ción pun­tual acerca de este viaje del Santo Padre. Yo sólo pre­tendo re­cor­darlo. Si con esto su­mamos, genial. 

Hoy, 23 de marzo, em­pieza el viaje apos­tó­lico a México y República de Cuba. Probablemente a estas horas el avión haya des­pe­gado ya desde Fiumicino. A las 16.30 (hora local) lle­gará a León (Guanajuato), donde per­ma­ne­cerá hasta el 26 de marzo, día en que vo­lará hasta Santiago de Cuba. Llegará al ae­ro­puerto in­ter­na­cional Antonio Maceo en torno a las 14.00 horas. Al día si­guiente, 27 de marzo, el Papa via­jará hasta La Habana, donde según el pro­grama ofi­cial, lle­gará al ae­ro­puerto in­ter­na­cional José Martí a las 12.00 horas. Y el 28, a las 17.00 horas, des­pe­gará de vuelta a Ciampino, Roma.

En el ángelus del pa­sado 18 de marzo Benedicto XVI pidió ora­ciones por su viaje: «En es­pe­cial, os pido que oréis por el viaje apos­tó­lico a México y a Cuba, que rea­li­zaré a partir del viernes pró­ximo. Encomendémoslo a la in­ter­ce­sión de la san­tí­sima Virgen María, tan amada y ve­ne­rada en estos dos países que me dis­pongo a vi­sitar.»